lunes, 22 de noviembre de 2010

ODIO CORREISTA A LA RIQUEZA (VIDEO)


Si Alguien considera que el insulto contínuo contra aquellos que poseen patrimonio y la intención de quitárselo para "redistribuirlo" no fomenta, envalentona y justifica a los delincuentes...
Que lo Piense de Nuevo...
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Ahhh, la igualdad, ese concepto tan manoseado y poco comprendido.

La Igualdad ante la Ley es un pilar de la Sociedad Moderna, del Estado de Derecho: las mismas leyes para todos, tratamiento idéntico para cada ciudadano con independencia de su raza, sexo, edad o condición. Nada que objetar ante esto y, sin embargo, la casta política siempre se asegura de trabajar en contra de tan honorable precepto.

Para comenzar, lo primero que hacen es garantizarse un trato preferencial para ellos mismos. Faltaría más, los honorables no pueden ser sometidos a las leyes de la plebe, por algo son honorables. Se reservan privilegios como el Fuero de Corte, la Inmunidad Parlamentaria, la Inmunidad Diplomática... inventan, incluso, canongías triviales como preferencias de tránsito y parquéo.

Acto seguido impulsan, siempre con vehemencia inusitada, modificaciones legislativas para garantizar privilegios a grupos organizados, casi siempre, alrededor de la esfera política y económica. Los ejemplos son abundantes hasta alcanzar grado de grosería: desde aranceles draconianos para privilegiar a empresarios zapateros por encima de los derechos del consumidor local, hasta preferencias crediticias y subsidios para inversiones en sectores simpáticos al régimen, en detrimento de otros sectores.

Han inventado novedosas formas de discriminación, que podrían sonar hasta ridículas, como la discriminación profesional: si te dedicas a una profesión, digamos Financiera, resulta que no puedes ni imprimir un folleto barrial para informar a tus vecinos de las actividades de la zona.

Las discriminaciones preferidas, por supuesto, son aquellas que caen en la esfera de la corrección política y el buenismo. Lugar preferencial, en este segmento, tienen los "subsidios focalizados", como el que garantiza un precio preferente al gas si lo usas en tu domicilio por encima de aquellos que, por ejemplo, lo usen para generar riqueza sirviendo a los demás, por ejemplo, en un restaurante. Poco importa que el primero sea un gasto y el segundo una inversión rentable, el caso es satanizar al ciudadano con espíritu emprendedor.

Interesantes, por su grueso blindaje ante cualquier crítica, son las llamadas "Discriminaciones Positivas". Las favoritas que todo paladín de la "Justicia Social" quiere mantener en su arsenal de propuestas. Son propuestas que buscan compensar con tratos preferenciales a grupos tradicionalmente discriminados. Una especie de tratamiento de choque social en el cual se ejecuta la redundancia discriminatoria pretendiendo acabar con una discriminación instaurando otra. Ante dos aplicaciones a una beca universitaria, con idéntico historial académico, se le otorga la plaza al alumno de la raza, digamos, peor tratada históricamente, poco importa resquebrajar principios tan interesantes como la meritocracia y la igualdad ante la ley. Se ha llegado incluso al extremo de, en casos de procesos de oposición a cargos públicos, otorgar puntos adicionales a transexuales, gays y lesbianas, por no ser heterosexuales.


La corrección política obliga a defender la "igualdad" hasta límites insospechados, y mucho cuidado con alzar la voz en contra de esas flagrantes violaciones de un derecho humano básico como la igualdad ante la Ley. Los dueños de la corrección se encargarán de señalarte, a viva voz, con epítetos gruesos que van desde un inocente "Egoísta", "Ladrón de esperanzas" o "Pelucón", hasta monstruosidades como Racista, Homófobo, Fascista o el socorrido y definitivo: "Perro de Ultraderecha".

La realidad es que intentar igualar en conceptos alejados del trato ante la Ley, a parte de constituír el pilar esencial del populismo, es una política atractiva pero normalmente contraproducente.

Imaginemos dos hermanos gemelos, con las mismas oportunidades y sin tratamientos preferenciales, que reciban idéntica cantidad de recursos como herencia. Uno decide invertirla, poner un negocio y dedicar su vida a trabajo. Se priva de todo lujo supérfluo, ahorra y forma una familia estable de la cual nacen 2 hijos. Su esfuerzo y privaciones le permiten multiplicar lo heredado y acumula un próspero patrimonio que deja en heredad a sus 2 hijos.

El segundo gemelo prefiere disfrutar su herencia sin privaciones. Dedica su vida a la farra y a vivir sin responsabilidades ni ataduras. De sus múltiples relaciones, nacen 6 hijos de los que no se preocupa. El día de su muerte no acumula más que deudas incobrables.

No juzgo a uno ni a otro, cada cual es libre de escoger los caminos por los cuales deambule su vida.

Sin embargo: ¿sería justo y democrático que el ESTADO EXPROPIASE la herencia de los dos primeros chicos para repartirla entre los 8 niños por igual?

¿Qué sucedería en una sociedad así?

La vida es un regalo maravilloso. Procrear y tener descendencia es un deseo muy respetable. El amor por nuestra sangre, es un sentimiento natural innegable, aunque existan personas, como el segundo gemelo, que no le presten mucha atención y privilegien su "bienestar" por encima del de sus hijos, pero no hay duda que es lícito desear dejar a nuestros descendientes, o a quien queramos, un patrimonio lo más holgado posible, para que desarrollen su vida con relativa tranquilidad. Aún más si tenemos en cuenta que, normalmente, el patrimonio de una persona, a parte de representar el valor que el resto de los miembros de la sociedad ha dado a su aporte particular, sus ahorros, son fruto de privaciones y consumos no realizados. En las sociedades estatistas actuales se da la particularidad adicional, que además, los patrimonios adquiridos son sólo el saldo que queda tras pagar una infinidad de tasas e impuestos de todo pelaje y condición.

Si se elimina el incentivo natural de poder entregar un patrimonio a nuestros hijos, lo más probable es que la sociedad donde esto suceda sufra, primero, de desinversión ya que sin ahorro no existe inversión. Sin inversión no habría empleo ni casi posibilidades de realizar división del trabajo por cuenta ajena, promoviéndose serios retrocesos en la capacidad productiva del país. La tendencia natural sería despilfarrar y dedicarse a pretender que otros trabajen por uno ya que el resultado final será un reparto igualitario. Lo más probable es que, en poco tiempo, esa sociedad viva en una miseria perpétua insostenible salvo por la llegada del autoritarismo y la esclavitud a la que pretenderán someter a personas productivas. Surgirán mercados negros al márgen de la Ley y la gente venderá lo poco que tenga, incluyendo su cuerpo, a cambio de dinero y productos no controlados por el Estado repartidor. MISERIA compartida.

Obsesionarse con la "desigualdad" económica es confundir los objetivos. Resulta tan absurdo como pretender cortar las piernas a la gente porque en el mundo hay enanitos, o sacar los ojos a los videntes, porque en el mundo hay personas invidentes.

El Presidente Rafael Correa, en su soliloquio sabatino del pasado 20 de Noviembre, deja muy claro que su obsesión no es erradicar la pobreza, sino eliminar la riqueza, la "peluconería". Inventa conceptos de "democracia" ABSURDOS, diciendo que heredar no es "democrático" sino aristocrático. Cuando el caudillo confunde al enemigo, lo más normal es que se pierda la batalla.


A petición de Isabel, subo el video para aquellos que tengan restricciones a Youtube.

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