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lunes, 19 de abril de 2010

ARMAS DE DESTRUCCIÓN MASIVA EN LATINOAMÉRICA

¿¿¿Populista Yooo???



A principios de los ochenta, se puso de moda una serie de TV estadounidense cuyo título era "V" (simbolizando 2 cosas: Visitors y Victory). Probablemente la recuerdan: era aquella de los extraterrestres lagartos que llegaban a la tierra con aspecto sensualmente pecaminoso (esa Diane con su melenaza cardada, y aquella mirada braguetera y lasciva... chuza, ¡cómo andaban mis hormonas de alteradas en aquellos años!...) edulcorado con un discurso de amistad y felicidad combosocialista, que, finalmente, no era más que la pantalla solapada de unos lagartos tragarratas con feas intenciones de dominación y exterminio.

El canal ABC ha resucitado la serie con un remake que comenzó flojonazo pero mejora con cada episodio, que me he acostumbrado a descargar, movido, posiblemente, por la calentura nostálgica de la pubertad perdida. En fin...

En cualquier caso, en el primer episodio del remake, cuando unos cuantos humanos escépticos descubren la verdad de la milanesa conspiratoria, se preguntan qué hacer contra un enemigo tan formidable que la mayor parte de la humanidad, inocente y cándida, se ha apresurado a recibir con admiración y entusiasmo. Las perspectivas no son muy halagüeñas porque, los "Visitantes" cuentan con el arma más poderosa que existe: La Devoción.




Convertir a las masas en un rebaño de devotos seguidores es una estrategia político social extendida desde los tiempos más remotos. Emperadores, reyes, faraones, jefes de tribu y sátrapas en general, no dudaban en atribuirse orígenes divinos para justificar su posición absolutista. En esta pantomima, era conveniente tener a mano la confirmación de tan audaz afirmación procedente del chamán, brujo, sumo sacerdote o profeta del lugar, el Imhotep de turno que, apoyado en alguna habilidad especial, se declaraba interlocutor directo e intérprete de los caprichos divinos de las deidades más fashion.

En tiempos más modernos, a medida que el capitalismo liberaba a las masas de su condición de colectivo borreguil, permitiendo el disfrute y reconocimiento de la valía personal de cada individuo, los seres humanos se fueron haciendo más escépticos, pero conservando en nuestra memoria genética, el devocionario implacable grabado a fuego por el hierro de la historia. Sabedores de esta huella genética, los nuevos sacerdotes al servicio del tiranuelo aspirante a guía mesiánico, se saben disfrazar de expertos en mercadeo y sociología.

El gen devoto surge natural en asuntos triviales como el fútbol y otros deportes. Enervado por el fanatismo de la histeria colectiva, el gen devocionario muta a ritmo de batalla tribal que, untada de abundante nacionalismo, termina por condenar al fanático a un amor por la camiseta que tanto despierta sus instintos más primarios, como eleva sus metafísica a cotas místicas de difícil alcance.

Desde hace un par de siglos, con la implantación dominante, que diría Fareed Zakaria, de modelos plebiscitarios de democracia, los nuevos sacerdotes de la devoción, aprovechan la experiencia milenaria de las religiones, miran con particular y babeante envidia, el indudable éxito expansionista del catolicismo, y ponen todo su conocimiento al servicio de candidatos políticos de todo pelaje, encontrando campo generosamente abonado, en el estercolero del populismo.

Del mismo modo que los antiguos chamanes liberaban de responsabilidades a los líderes, asociando hambrunas y epidemias a la ira de los Dioses y otros mitos de cuestionable tesitura, los gurús de la política ponen un arsenal de nuevos mitos al servicio de las ambiciones del populista inescrupuloso, para que éste, cómo cumpleañero con piñata, deje caer, a palazos, los venenosos caramelos de la demagogia de cantina y novela.

Para el espectador común, en muchas ocasiones, estos mitos pasan desapercibidos como verdades absolutas e incuestionables. Audiencias más preparadas, sin embargo, detectan de inmediato el desagradable tufo de la demagogia populista porque, al igual que cualquier organismo en fase de descomposición, la dialéctica populista despide el fétido hedor de la podredumbre a leguas de distancia.

El escritor mexicano Enrique Krauze, en Junio del 2006 (Correa no era todavía Presidente y dudo que Krauze lo tuviera en mente al escribir la pieza periodística), publicó un artículo titulado " Decálogo del populismo iberoamericano", revelador y muy acertado, poniendo a nuestra disposición un catálogo de actitudes y ropajes de acuerdo a los cuales podremos detectar con facilidad al POPULISTA RECALCITRANTE, por mucho que éste se empeñe en negar , como alcohólico adicto, su evidente adhesión al amontonado club de los populistas caretucos.

El artículo es extenso (pero imprescindible y de muy recomendable lectura), así que me limitaré a enunciar los 10 rasgos, junto a un mínimo comentario, dejando de tu lado, amigo lector, la determinación para discernir si tal o cual rasgo es detectable en el líder político que te resulte más conveniente. De esta forma, cuando hagas ejercicio de tu voto, ya no podrás negar tu favor o desprecio por el populismo.

1) El populismo exalta al líder carismático.
No hay populismo sin la figura del hombre providencial que resolverá, de una buena vez y para siempre, los problemas del pueblo. El Populista no es un administrador de recursos y haciendas, sino de pasiones y deseos, que precisa y manipula a su acomodo, la ciega DEVOCIÓN de sus seguidores.

2) El populista no sólo usa y abusa de la palabra: se apodera de ella.
La palabra es el vehículo específico de su carisma. El populista se siente el intérprete supremo de la verdad general y también la agencia de noticias del pueblo. Habla con el público de manera constante, atiza sus pasiones, "alumbra el camino", y hace todo ello sin limitaciones ni intermediarios.

3) El populismo fabrica la verdad.
Los populistas llevan hasta sus últimas consecuencias el proverbio latino "Vox populi, Vox dei". Pero como Dios no se manifiesta todos los días y el pueblo no tiene una sola voz, el gobierno "popular" interpreta la voz del pueblo, eleva esa versión al rango de verdad oficial, y sueña con decretar la verdad única. Como es natural, los populistas abominan de la libertad de expresión. Confunden la crítica con la enemistad militante, por eso buscan desprestigiarla, controlarla, acallarla.

Desde que Joseph Goebbles, Ministro de Propaganda Nazi, los puso en blanco y negro, los populistas de todas las tendencias han aplicado con religiosidad los 11 Principios que permitieron el auge y mantenimiento en el poder del Nazismo Alemán. (ver final del Post)

4) El populista utiliza de modo discrecional los fondos públicos.
El erario es su patrimonio privado que puede utilizar para enriquecerse y/o para embarcarse en proyectos que considere importantes o gloriosos, sin tomar en cuenta los costos. El populista tiene un concepto mágico de la economía: para él, todo gasto es inversión.

5) El populista reparte directamente la riqueza.
Pero no la reparte gratis: Focaliza su ayuda, la cobra en obediencia.

6) El populista alienta el odio de clases.
Los populistas latinoamericanos corresponden a la definición clásica, con un matiz: hostigan a "los ricos", pero atraen a los "empresarios patrióticos" que apoyan al régimen. El populista no busca por fuerza abolir el mercado: supedita a sus agentes y los manipula a su favor.

7) El populista moviliza permanentemente a los grupos sociales.
El populismo apela, organiza, enardece a las masas. La plaza pública es un teatro donde aparece "Su Majestad El Pueblo" para demostrar su fuerza y escuchar las invectivas contra "los malos" de dentro y fuera.

8) El populismo fustiga por sistema al "enemigo exterior".
Inmune a la crítica y alérgico a la autocrítica, necesitado de señalar chivos expiatorios para los fracasos, el régimen populista (más nacionalista que patriota) requiere desviar la atención interna hacia el adversario de fuera.

9) El populismo desprecia el orden legal.
Una vez en el poder el caudillo tiende a apoderarse del Congreso, erigirse en intérprete único de la "voluntad popular", destruir la legalidad vigente para implantar una nueva a su servicio, que usufructúa hasta el momento en que incluso esa legalidad, termina por incomodarle y se la salta sin pudor.

10) El populismo mina, domina y, en último término, domestica o cancela las instituciones de la democracia liberal.
El populismo tiene, por añadidura, una naturaleza perversamente "moderada" o "provisional": no termina por ser plenamente dictatorial ni totalitario; por eso alimenta sin cesar la engañosa ilusión de un futuro mejor, enmascara los desastres que provoca, posterga el examen objetivo de sus actos, doblega la crítica, adultera la verdad, adormece, corrompe y degrada el espíritu público.

Enlaces de Interés:

Populismo Frankestein

11 principios de de Goebbels:

1. Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.

2. Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.

3. Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. "Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan."

4. Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.

5. Principio de la vulgarización. Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.

6. Principio de orquestación. La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. De aquí viene también la famosa frase: "Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad."

7. Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.

8. Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.

9. Principio de la silenciación. Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.

10. Principio de la transfusión. Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.

11. Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente de que piensa "como todo el mundo", creando una falsa impresión de unanimidad.

“Miente, miente, que al final algo quedará... ...cuanto más grande sea una mentira, más gente lo creerá..." Joseph Goebbels

jueves, 25 de septiembre de 2008

POPULISMO FRANKENSTEIN



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El Dr. Vinicio Frankenstein, en tiempos, fue considerado un científico brillante. Desconocemos cual habrá sido la causa de su trastorno actual. Algunos hablan de mal de amores, otros de la fiebre de la culebra; no son pocos los que se inclinan a pensar que, carente de voluntarios para experimentar sus pócimas, en algún momento decidió suministrarse a sí mismo alguna poción victimando su salud mental en el proceso. Todos coincidían en que estaba trastornado. Creía ser capaz de vencer a la muerte, resucitando cadáveres…

Había paseado su proyecto por diversas instituciones, pero nadie creyó en él. Hasta que un día, un emisario de un Mandamás Caribeño, depositó un maletín rebosante de billetes sobre el escritorio del maniático doctor.

“Hay más.” Dijo con profundo acento caraqueño. “Considere esto sólo un anticipo hasta que su investigación produzca el resultado que esperamos. Queremos el candidato perfecto, invencible.”

“Lo tendrán” afirmó rotundo Vinicio. En seguida se puso manos a la obra.

La fórmula era infalible. Vinicio se encargaría de conseguir partes de diferentes cadáveres políticos. Todos ellos candidatos exitosos: sólo aquellos que hubieran demostrado su capacidad para conquistar la voluntad de los electores.

La lógica era aplastante: Si cada uno, por separado, había logrado sus propósitos políticos, juntarlos a todos en un único candidato garantizaría un éxito arrollador. Con habilidad de cirujano, cosería las partes en las proporciones adecuadas, y, con ayuda de la fuerza más poderosa de la naturaleza, el rayo, daría vida al candidato más perfecto jamás creado, y sin ayuda divina.

Buscando un fuerte componente nacionalista, decidió que necesitaba cadáveres políticos autóctonos. Su listado no era, pues, tan largo. Consiguió, no sin dificultades, extremidades de Mahuad, cabeza y cabello de Abdalá, nalgas de Borja, y el torso de Febres Cordero.

Su lista de cadáveres políticos ecuatorianos no parecía suficiente para completar un candidato entero, así que tuvo que agenciarse el refuerzo de elementos foráneos. Fue duro, pero logró unas piezas muy apreciadas. No pudo contener un brillo lujurioso en su mirada cuando un traficante le hizo llegar un elemento casi imposible de conseguir, un verdadero incunable, único en su especie: la lengua de Castro.

Cuando recibió los genitales del Che en sus ojos se notó el desencanto de la decepción. Incluso llegó a dudar si no le estarían estafando, pero el traficante de órganos era un tipo de total confianza, así que no le dio más vueltas y pagó la suma solicitada. Quedaban los dos órganos más importantes: El Corazón y el Cerebro. El Traficante, al ver las caras exigencias de Vinicio, le pidió el doble de lo acostumbrado. Vinicio aceptó sin regatear.

“Esos son los que quiero. Ningún otro me sirve."

Pasaron algunas semanas, pero finalmente, timbraron en su puerta. Vinicio abrió. Sobre el felpudo de bienvenida, una enorme caja con un sobre. Cerciorándose que nadie le observaba, Vinicio introdujo el misterioso paquete a su domicilio y, rápida pero cautelosamente, lo bajó al laboratorio del sótano.

El estremecedor ritmo de sus palpitaciones, inusual en un tipo frío y calculador como él, no le preocupó. Leyó la Nota:

“Estimado Dr. Vinicio. En la hielera adjunta se encuentra lo que me pidió. No ha sido fácil y desde ya le comento que voy a reclamarle por unos gastos extra. El corazón de Chávez está completo, pero al Cerebro de Juan Domingo Perón le faltaba su parte occipital. No se preocupe, la hemos completado con masa encefálica de su compañera Evita, que gracias a su embalsamamiento se conservaba en perfecto estado. Creo que la solución supera al requisito inicial. Tendrá noticias mías…”

Los ojos ahuevados de Vinicio casi se salían de sus órbitas. Tras un breve momento de vacilación, miró al techo con los puños en alto y gritó “Si, Siiiiiii”, seguido de una tenebrosa carcajada de sádica victoria.

Debía apurarse. Según sus cálculos, en dos días llegaría una tormenta a la ciudad, cargada de aparato eléctrico.

El Corazón de Chávez presentaba un color muy oscuro, casi negro, y muchas adherencias adiposas que dificultaban su manipulación. El Cerebro de los Perón era frágil, acristalado, pero de dimensiones muy manejables. En la cabeza Abdalaína, sobraba espacio.

Todo parecía perfecto, hasta que la diosa fortuna le jugó una mala pasada a Vinicio. Un súbito giro en el sentido del viento que empujaba la tormenta, algo que Vinicio no había calculado, modificó la polaridad de la carga eléctrica de la misma. El positivo y el negativo se invirtieron. Vinicio, inconsciente de este hecho, conectó los cables, positivo y negativo, de acuerdo a lo planificado. Cada uno en el respectivo borne del cuello del Candidato.

A las 22h18 sucedió. Un rayo de enorme potencia impactó directamente en la antena del domicilio de Vinicio. La criatura, hasta entonces un cadáver inerme, tras 37 segundos de convulsiones y espasmos, abrió su ojo derecho. Se incorporó confundido, formando un ángulo recto con la cadera. Giró su cuello y divisó a su creador que lo miraba orgulloso.

“Te llamaré Rafael, como el Arcángel que Cura las heridas de la Humanidad.”

Nota: para los no familiarizados con el Peronismo, cabe destacar que, previo a la llegada de Perón al poder, Argentina era una de las 10 Economías más prósperas del planeta. Las necesidades de grano y carne de la postguerra, tras la II Guerra Mundial, habían llenado las arcas argentinas con incalculables recursos económicos.

Cuando en 1946 Perón tomó el poder con el cincuenta y seis por ciento de los votos, puso en marcha su más ilustrado aprendizaje autoritario y se dedicó a controlar la prensa, crear un poder judicial adicto, inundar la escuela pública con el culto a su personalidad y dar el visto bueno imperial a bandas de matones para que abordaran los desafíos de la disidencia.

El elemento central en el peronismo eran los trabajadores y sus sindicatos. Perón había creado desde el poder una base social muy amplia. A ello había contribuido la cataclísmica Eva, mujer de radio, buena conocedora de los instrumentos de la agitación y la propaganda.

Una vez presidente, Perón aceleró el proceso, desatando una lenguaraz y onerosa demagogia en favor del sindicalismo (la sensatez fiscal de Perón era inversamente proporcional a la capacidad de sus glándulas salivares), lo que hizo crecer, por ejemplo, a la CGT de trescientos mil trabajadores a cinco millones. El general olvidó la calculadora y se dedicó a subir salarios a diestra y siniestra. Fomentó, bajo el eufemismo de la negociación colectiva, el asalto de los trabajadores contra el capital, dándoles un lugar de privilegio en su organización corporativista del poder.


Las nacionalizaciones, emblemas de una época latinoamericana que casó el nacionalismo político con el estatismo económico, alcanzaron con Perón niveles sublimes. Cuando asumió el poder, un sesenta por ciento de la industria dependía del capital extranjero y un tercio del dinero producido por las empresas salía del país en calidad de remesa extranjera. Pero la confianza internacional en la economía argentina era vista como una forma exquisita de la afrenta imperialista. Por tanto, el general echó mano del gas, la electricidad, los teléfonos, el Banco Central, los ferrocarriles y todo lo que tuviera huella forastera. Acompañó estas capturas destinadas a engrosar el botín patriótico de excitante retórica nacionalista.

La famosa sustitución de importaciones y el control de cambios dejaron a la industria sin poder importar insumos, la falta de competencia secó la energía creativa de los industriales y la inflación, producto de una política de gasto social convertida en una NAVIDAD PERMANENTE, pronto redujo a polvo el pequeño crecimiento industrial producido al comienzo del gobierno peronista como reacción inmediata al keynesiano estímulo a la demanda. Los controles de precios, que habían arruinado a la agricultura, también ataron las manos de la industria.

El gran líder nacionalista redujo la economía nacional, que pocos años antes se codeaba con las más grandes del mundo, a proporciones tercermundistas.


Nota tomada de el libro “Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano”

Citas Peronistas:

“El tema del cálculo económico no nos interesa; nosotros proclamamos los derechos sociales de la jubilación del ama de casa; las cuestiones actuariales que las arreglen los que vengan dentro de cincuenta años."

"El hombre es bueno pero si se lo vigila es mejor."

"Primero la patria, después el Movimiento y luego los hombres."

"En la comunidad organizada cada uno tendrá bien definido su papel social por el Estado."

"Antes de firmar un decreto de radicación de capitales extranjeros me cortaré las manos."

"Para los amigos, todo. A los enemigos, ni justicia.”


JUAN DOMINGO PERÓN (ex presidente de la Argentina)

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