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miércoles, 27 de enero de 2010

EL RETORNO DEL HOMBRE RINOCERONTE

He´s Back and Reloaded

Ver Video (fuente www.ecuadorenvivo.com):


Audio del Post:


Allá por el 15 de Agosto del 2008 escribí una entrada en esta bitácora que titulé "Dios Nos Salve del Hombre Rinoceronte". En ella explicaba la curiosa costumbre que tienen esos toscos especímenes para marcar su territorio de forma eficiente. Teniendo en cuenta que cada rinoceronte macho se apropia de varios kilómetros cuadrados, a la naturaleza no se le ha ocurrido cosa mejor que el animal defeque en abundancia, unte sus patas en su propio excremento y así, con cada paso que de, vaya dejando constancia de que está uno en su zona. Quien ose traspasar su territorio, tendrá que enfrentarse a un animal grandote y cagón.

Cada especie, por supuesto, tiene su peculiar manera de marcar territorio. Los tiranos, en particular, se han encargado de mostrarnos, a lo largo de la historia, su inocultable sadismo como estrategia de comunicación disuasoria. Recordemos a los emisarios de Xerxes de Persia que anticipaban la llegada de su señor a los pueblos que querían someter llevando una ristra de cráneos con las coronas de los reyezuelos que osaron oponerse a su petición de sumisión al ejército invasor, o los famosos empalamientos del verdadero Conde Drácula a las puertas de su castillo en Transilvania. Tales atrocidades son, sin duda, poderosos mensajes enfilados a infundir pánico en cualquiera, amigo o enemigo, ante la ejecución del abuso de poder por parte del déspota opresor.

Abusar del poder es una tentación complicada de rechazar. Hace falta mucha entereza, mucha hombría de bien, grandes dosis de paciencia, abundante suministro de tolerancia, capacidad de autocrítica, templanza, bondad de corazón y limpieza de alma para no caer ante la llamativa erótica del poder. El reto es complicado y lo habitual es fracasar en el empeño (si es que se decide poner empeño en la resistencia), en mayor o menor medida. Los más intolerantes, los de peor carácter, las malas personas, los rencorosos, vengativos y miserables, como era de esperar, caen mucho antes, y más estrepitosamente, que aquellos más nobles de corazón.

Es difícil pensar en un Gandhi enfurecido ordenando con violencia la detención de alguien que le hubiera ofendido con una mala palabra. No logro imaginar a Nelson Mandela bajándose de su automóvil para perseguir a un ciudadano que le hubiera dedicado un mal gesto (por cierto, interesante aunque en mi opinión excesivamente lenta y larga, película Invictus, para los que quieran conocer cómo se construye un país desde un discurso integrador en lugar de uno disociador). Sería complicado esperar una reacción así de Juan Pablo II, o del Dalai Lama. Ese tipo de abusos no forma parte del inventario ideológico de una persona bondadosa, es más, presenciarlo en otros le resultaría intolerable, reconocerlo en sí misma, a buen seguro, le produciría repulsión y espanto.

Cuando la tiranía encuentra maridaje con la hipocresía, la resultante es una fanesca pestilente con tropezones de vómito biliar. Particularmente indigesto resulta ver a autoproclamados seguidores de la doctrina de la Iglesia cometiendo atropellos en abuso de su malganada autoridad. Ver comulgar a Pinochet, por ejemplo, con tantos muertos a sus espaldas, es una escena indiscutiblemente desagradable, pero, en fin, al menos el tipo no iba por la vida proclamando su virtud declarándose estandarte del amor universal. Eso habría sido motivo de náuseas aún más abominables.

Porque, ya me contarán, ¿cómo se digiere eso de ir cantando aquello del "Con Infinito Amor" como slógan de campaña mientras se encarcela a ciudadanos cuyo único delito sea expresar en voz alta, o mediante gestos, su opinión sobre el Presidente de la República?.

Esos actos de infinita hipocresía, doble discurso y falsedad reafirman mi aversión contra los poderes del Estado. A mí, ¿qué quieren que les diga?, me parece más elegante la costumbre pisamierdas del rinoceronte.

Recordemos ciertos antecedentes:


viernes, 15 de agosto de 2008

DIOS NOS SALVE DEL HOMBRE RINOCERONTE


Escucha este articulo en audio


El rinoceronte es un animal de enormes contradicciones. Su aspecto rocoso, es curvilíneo y anguloso al tiempo. Su carácter: tímido pero violento. Su porte: Feo pero majestuoso. Su piel, auténtica coraza aparentemente impenetrable, necesita, sin embargo, pajaritos que limpien sus pliegues de insectos para evitar infecciones que podrían incluso matarlo. Un animal Poderoso al borde de la extinción. Mala vista, excelente olfato…


Precisamente, su olfato hiperdesarrollado, juega un importante papel en su vida. Por él se guía para detectar, a favor de viento, posibles depredadores, husmear en el ambiente las feromonas de las hembras en celo, y percibir el dominio de los territorios. Como otros mamíferos marca sus terrenos de una manera escatológica, señalando, con abundante orín, puntos estratégicos de sus extensos dominios. Precisamente, el enorme tamaño del área dominada por un macho alfa, y posiblemente la escasez de recursos hídricos que le obligarían a estar bebiendo constantemente para poder miccionar su feudo con solvencia, ha obligado al rinoceronte macho, a desarrollar una curiosa pero efectiva forma de marcar las hectáreas bajo su control: Cuando defeca, aprovecha para pisotear sus heces, asegurándose de untar sus unguladas extremidades abundantemente para, de esta práctica forma, dejar huella olfativa de su presencia con cada uno de sus pasos.

Esta curiosa praxis fronterizadora, fruto de millones de años de proceso evolutivo, es, sobre todo, una forma de avisar a sus posibles rivales sobre su fortaleza. Una manera de decir: Aquí mando yo, y ándate con ojo que soy grandote y cagón. Aparentemente, entre los rinocerontes, defecar copiosa y pestilentemente es señal de mucho y temible poderío físico.

Dentro de la especie humana, encontramos, también, comportamientos rinoceronticos. Los Homo Rinocerónterus forman una subespecie de humano. Especímenes enormemente contradictorios capaces de combinar la soberbia con un discurso en el que se declaran bondadosos (¿?), supuestos defensores de la descentralización que centralizan (¿?). Sabiéndose totalitarios, se dicen amantes de la democracia (siempre que no sea excesiva, claro) (¿?). Siempre prestos a combatir la corrupción, eliminando organismos que la controlan (¿?), economistas que aborrecen el mercado (¿?), desdolarizadores defendiendo la dolarización (¿?), católicos en contra de la doctrina de la iglesia (¿?), insultadores con infinito amor…

Como no podía ser de otra manera, la Pacha Mama rara vez se equivoca, los Homo Rinocerónterus, frecuentemente comparten, además del carácter contradictorio, otras costumbres con los rinoceróntidos. Un ejemplo rotundo lo encontramos en la apestosa pero efectiva manera de marcar el territorio dando señales escatológicas para amedrentar a rivales, opositores, y fauna diversa. Son habituales el uso y abuso de gruñidos en forma de violencia verbal dirigida indiscriminadamente tanto a hombres como a mujeres. No faltan las demandas judiciales a medios de prensa. Abundan las amenazas, los artificiosos golpes de efecto mediático, y la extorsión como elemento de negociación. Señal ciertamente fétida pero inequívoca de lo que se está dispuesto a hacer, es enviar fuerza bruta armada enfrentarse con civiles desarmados. No sé si es propio de rinocerontes, pero estos rinoceróntidos humanos, en ocasiones, también demuestran su fortaleza atacando a ciertos miembros de su camada con fiereza como diciendo: “si esto es lo que soy capaz de hacerle a mis amigos, imagínate lo que tengo preparado para los que estén contra mí."

Como cabía esperar, existen diferencias notables entre el rinoceronte y el Homo Rinocerónterus. El Rinoceronte, con todos sus defectos, es un animal NOBLE que usa su fuerza para defenderse, y sólo ataca cuando se siente amenazado. El Homo Rinocerónterus demuestra su enorme villanía, la inmensidad de su vileza y lo profundo de sus complejos más ocultos ejerciendo su poder desproporcionadamente contra personas que no tienen como defenderse.


De llegar a instancias de poder, sería frecuente presenciar episodios donde, viajando en su auto oficial blindado, el Homo Rinocerónterus mandase frenar la comitiva oficial y ordenara, desde la ventanilla del coche, que detengan a cualquier ciudadano que a él le haya parecido que pudiera haberle dedicado un gesto o palabras no adecuadas a su rango. El Homo Rinocerónterus no necesita pisar su propia mierda para esparcirla sin rubor.


Gracias a Dios, estos seres están en peligro de extinción y rara vez alcanzan posiciones desde donde abusar del poder. ¿Qué sería de nosotros si uno de ellos llegara a ser Presidente de La República?



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