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martes, 12 de agosto de 2008

RAMBO CORREA Y SU INAGOTABLE ARSENAL DE PROMESAS INCUMPLIBLES

Ahora sí: ¿dónde están esos "curitas"?

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En democracia, todo político que se precie, debe tener un arsenal de combate básico en su ajuar de perfecto candidato en campaña. El Candidato debe sentirse siempre como un Rambo bien equipado, con munición suficiente para acabar con el enemigo y lograr la conquista del voto indeciso. Junto a la sonrisa colgate y la indiscutible fotogenia (aunque, viendo a Ernesto Kirchner, esto último no aparenta ser imprescindible) un papel preponderante, dentro del armamento de combate del ambicioso político de raza, se reserva para las promesas de campaña. Es esencial para garantizar la victoria, alimentar con ellas el subfusil de asalto. Imprescindible resulta, para ello, una inagotable cremallera de subsidios, dádivas y regalías. El lanzagranadas artillado con las infaltables viviendas populares, la promesa de los precios bajos, créditos blandos y subidas de sueldo por decreto. La filosa bayoneta, firmemente calada y a punto para cortar de raíz la corrupción y rebanar, de un solo tajo, los siempre malhabidos dineros de los ricos explotadores causantes de todos nuestros males.

Sería imperdonable olvidarse en el cuartelillo el lanzallamas de insultos y vilipendios contra los candidatos rivales. Por eso rara vez se olvidan. Nunca falta el candidato que reserva la bomba revolucionaria, tan necesaria para el borra y va de nuevo, en formato de nueva constitución o, en su defecto, de reforma constitucional.

Por un tiempo se puso de moda el candidato sincero que avisaba que todas sus promesas exigirían un fuerte ajuste, una especie de radioterapia de choque cortita pero imprescindible, para arreglar el desastre que, con toda certeza, recibirían como ingrata herencia de los administradores salientes. Este arma resultó tener un doble filo, una especie de efecto boomerang poco atractivo y fue con el tiempo desterrada. Muy de tarde en tarde aparece un candidato que regresa a ella cuando flaquéa el suministro de su munición de serie. Cuando uno de los candidatos ostenta el poder siempre resulta muy efectivo minar el campo de profecías sobre el juego sucio de la oposición, anticipando movilizaciones o incluso “autoatentados” para desestabilizar al gobierno.


El Economista Correa, auto proclamado Campañador Eterno, rodeado de sus campañólogos y campañólogas, maestros y maestras de intendencia en la batalla, maneja con la soltura propia del partidócrata que realmente es, la situación, haciendo salir al enemigo a campo abierto dónde lacerarle con sus bien entrenados ballesteros, mientras pone a buen recaudo y fuera del debate popular, los artículos verdareramente importantes, aquellos que levantan el manto que cubre al retrato de Dorian Grey, dejando al descubierto el purulento rostro de podredumbre autoritaria del verdadero proyecto oficialista.


Debo reconocer su habilidad taurina, enseñando el trapo y llevándose el toro a los desprotegidos medios para tener un dominio total del escenario de la contienda. Inventarse patrañas como las supuestas maldades de la tercerización (¿alguien recuerda una sóla manifestación en contra de la tercerización antes de que Correa nos convenciera que estábamos poco más que presenciando un ejemplo de esclavismo tapiñado?), o acusar al neoliberalismo de los males provocados por el Estatalismo, no le bastan. Ahora busca enemigos fáciles de vencer, como las sotanas peluconas de la cúpula eclesiástica, y se lanza contra ellos con violencia inusitada. Para vencerles ha utilizado los peores trucos de la vieja partidocracia como los ataques personales, usando términos despectivos como “curitas” asociándolos con la banca corrupta por haber viajado en aviones de banqueros. La despreciable idea es grabar en el pueblo la imagen de corruptos sacerdotes conspirando, con ladinos banqueros, contra el pueblo del Ecuador, mientras disfrutaban de los placeres del lujo mirando con desprecio al pueblo oprimido desde los asientos de cuero de un jet en las alturas de los cielos.

Y para ello, usan y abusan el famoso Artículo 45 del proyecto de nueva constitución. Sin embargo, no parecen haberse dado cuenta que este artículo, precísamente, es el mayor disparate que puede encontrarse en este texto: la Cúspide máxima de las promesas electorales posibles: “EL ESTADO RECONOCERÁ Y GARANTIZARÁ LA VIDA, INCLUIDO EL CUIDADO Y PROTECCIÓN DESDE LA CONCEPCIÓN.” OJO, NO GARANTIZAN EL DERECHO A LA VIDA, SINO LA VIDA MISMA. El proyecto de Constitución Correísta nos promete la VIDA ETERNA. El Estado GARANTIZA nuestras vidas. Me imagino que nombrarán al polifuncional Patiño como flamante Ministro de la Vida Eterna, o de otra forma tendrán que asumir las demandas contra el Estado por incumplimiento de su deber Constitucional de GARANTIZAR la VIDA que todos los herederos de aquellos ciudadanos que osen morir, estarán prestos a presentar. Supongo que por eso han elegido usar este artículo contra la Iglesia Católica: no soportan que haya una Institución que prometa vida eterna sin pasar por la bendición previaa del Estado Correista.


Normalmente, suelo desconfiar de los políticos que ofrecen promesas exageradas, pero esta promesa de INMORTALIDAD supera cualquier disparate del pasado.

Después de tantas campañas políticas, la actual dura ya un par de años largos, uno tendería a pensar que el elector ecuatoriano debería estar vacunado en contra de la charlatanería y las promesas electorales. Parece que, por obra y gracia del mesías de las blusitas bordadas, todavía nos queda mucho por presenciar. Amén.


Votaré NO porque quiero una Constitución con Artículos que verdaderamente se puedan cumplir y no promesas sin sentido para engañar a incautos.


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